Primera semifinal de Eurovisión: Jamonas por doquier

Eurovisión está revolucionando Azerbaiyán, en el buen sentido de la palabra. La Aún Más Democrática República de Irán, ese vecino que nadie querría tener en su casa porque le despertaría todos los días a las cinco de la mañana con la oración o cualquier otra tontería, ha llamado a consultas a su embajador porque el país petrolero está apoyando “un espectáculo para gais”. No es coña, viene en todos los diarios y lo da EFE.

Y resulta chocante porque, si bien es cierto que algunos usan ese pretexto para hacer cruising igual que ese friki que va al Expomanga disfrazado de Naruto por el “abrazos gratis”, lo que vimos ayer por televisión fue un espectáculo que haría las delicias de cualquier quinceañero con las hormonas revolucionadas.

Ayer martes, día de la primera semifinal, tuvimos de todo: tías buenorras como Grecia, modositas como Bélgica, adorables como la de Dinamarca y hasta un espectáculo de barra americana. En definitiva, una de las galas más divertidas en mucho tiempo, a pesar de los problemas de sonido y de que los espectadores de La 2 se perdieron el espectáculo del descanso… porque tocaba dar la Bonoloto y la Lototurf. Eso en TVE HD no pasó.

Vamos a lo que realmente debería importarnos, el apartado musical. Ayer pudo pasar de todo, pero sucedió lo más predecible: Grecia pasó como todos los años, con un tema de poca ropa y menos calidad, de la manita junto a su amiga Chipre. Rumanía y Moldavia también entraron a la par, Irlanda nos sorprendió a todos con la primera puesta en escena con hidrotecnia en la historia del eurofestival, y Dinamarca cumplió con lo que se esperaba de ella: buena voz y mejor aspecto. La única sorpresa fue la entrada de Hungría, un país que eclipsó a unas fantásticas Suiza e Israel que, injustamente, se quedaron fuera.

Pero por encima de todo, ayer fue el triunfo de las abuelitas makineras de una ex república soviética perdida por Rusia. No se acoplaban sus voces, pero era lo de menos. El espíritu fiestero de “Party for everybody” no solo reflejó la alegría de unas ancianitas por volver a ver a sus nietos (hasta prepararon galletitas en un horno giratorio), sino que dejó el tema más petardo y divertido en años. No lo pasábamos tan bien desde Verka Serduchka (Ucrania 2007), y estaba claro que tenían que estar en la final.

En cuanto a las eliminaciones, hubo injusticias por falta de espacio. Como dije ayer, la primera semifinal es la de los temas más entretenidos, y por fuerza alguno se tenía que quedar fuera. El problema es que Moldavia y Albania, dos países prescindibles en el panorama internacional, bordaron por completo sus directos y se aseguraron la plaza. De este modo, Suiza no consiguió meterse en la final como el año pasado a pesar de que hizo una actuación perfecta.

Tampoco lo hizo Israel con “Time”, que introdujo una revolución visual en el festival: coristas que interactúan con la realización. Una innovación casi tan importante como la del coro que baila (Ofra Haza, 1983), pero no les sirvió de nada. Israel no tiene suerte con el indie, por desgracia.

¿Y hubo hueco para los circos? Por supuesto. En la parte positiva, tenemos la actuación de Montenegro que directamente fue a reírse de todo y de todos, especialmente de la situación en la eurozona. Heute habe hobotnica. Y en la negativa, San Marino con su canción a las redes sociales. Todo su coro estaba disfrazado y el ordenador portátil estaba recubierto de adornitos, lo que nos demostró que un tema vergonzoso puede ser aún peor. Y para más inri, José María Íñigo (de nuevo muy correcto) se empeñó en recordarnos que el compositor de esa bazofia era español.

Pero volvamos al principio: ¿Es Eurovisión un espectáculo de gais? Puede que los iraníes pensaran eso viendo al presentador del evento, que parecía patrocinado por aceite Carbonell. Pero si nos fijamos en todas las actuaciones, es un concurso que cada año que pasa, se abre más al público y en España ya no está reducido a ese reducto de eurofans que montan coreografías imaginarias con esponjas de maquillar. Lo que si notamos fue la mano azerí en la realización: mientras Austria presumía de bailarinas de puticlub, los cámaras no paraban de enfocar a dos chicas que parecían las novias de los cantantes. Con un par de guindas.

De la final sobra Grecia, pero por lo demás no tenemos ninguna queja hasta ahora. Lo dramático puede venir el viernes, cuando toque hacer la crónica de la segunda semifinal y sepamos dos cosas: quién cantará antes que Pastora… y si pasa Georgia.

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